Olimpia se repuso de dos adversidades y en notable reacción liquidó de contragolpe. Muchas veces en el banco uno encuentra las soluciones, aunque, es cierto, generalmente no son hechos comunes y corrientes. Pero este Olimpia, que en gran parte del partido sembró dudas sobre su verdadero potencial futbolístico, tuvo la virtud de dos hechos que al final fueron importantes para la consumación de una victoria que la consiguió a ultranza: los aciertos en la movimentación de las fichas partiendo de la banca, y porque los jugadores pudieron sacar respiros del infierno en el que estaban inmersos.
Fíjense que los arqueros jugaron un rol importante en la consumación de los goles; salvo, sin embargo, el violento zurdazo de Lorenzo Melgarejo que resultó imposible de atajar para el golero de Tacuary, Carlos Servín.
Antes, el mismo Servín y el olimpista Sebastián Blázquez fueron, no fervientes, sino activos colaboradores para los primeros goles. Un remate fuerte de Carlos Martínez, que intentó peinar Julio Ortellado, dejó oscura la visión del portero franjeado. Servín no quiso ser menos y con una salida en un campo minado sin la toma de recaudos, permitió que el charro Aguilar marcara su primer tanto en el conjunto de la franja.
PARTE. Después, y como todo forma parte del espectáculo, Blázquez volvió a “pecar”. ¡Qué golpe! El de Mazacotte fue un bombazo y el “regalito” del arquero calentó mucho más a la parcialidad franjeada apostada hacia el sector Sur.
En realidad que el nuevo empate de los franjeados llegó tras una cadena de errores defensivos y en la que también Servín fue protagonista.
DESPARRAMO. Cuando un equipo como Tacuary te cierra todos los conductos y no se encuentran soluciones a los pelotazos buscando al nueve, la cuestión es abrir la cancha.
El Pepe Cardozo entendió así y puso hacia el final a tres hombres con marcada inclinación a los malabares con el balón. Makanaky, Cuevitas y Melgarejo hicieron de las suyas y desparramaron rivales para fortalecer el engrandecimiento del franjeado para, finalmente, consumar una victoria que es impagable.
PUDO, PERO… En el fútbol aparecen las oportunidades, y el equipo que justamente tiene en su repertorio la manera de completar la obra, el contragolpe, Tacuary, no aprovechó su momento y maldita suerte para los dirigidos por Óscar Paulín y Francisco Ocampo, el arquero Blázquez pasó de villano a héroe cuando desvió un remate de Carlos Martínez cuando el epílogo del partido llegaba.
CON LA MISMA MONEDA. Olimpia, que salvó el pellejo por obra del achique de su arquero hacia el final del encuentro, tuvo su momento y la verdad es que con una elaboración perfecta del juego acostumbrado y utilizado por el Tacua, mató de contragolpe. Si Martínez no lo pudo hacer, los franjeados lo consiguieron con salida rápida y toques para la definición del golazo de Lorenzo Melgarejo. Fin de la historia, con un festejo decano que continúa.
Los baluartes para la victoria salieron del banco para cambiar alegría por decepción.
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