Por Gustavo del Puerto
delpuerto@lanacion.com.py
El vedetismo de Carlos Amarilla no tiene límites. Su “figuretismo” le volvió a pasar la factura. Perjudicó a los dos y mató el espectáculo. Dejó mucho que desear su arbitraje en el juego Rubio Ñu-Olimpia. Sus errores garrafales, varios de ellos en las dos áreas, le hicieron poco favor a su trayectoria. Antes por lo menos pitaba mejor y así disimulaba su doble personalidad, esa desmedida prepotencia, su cara de argel. Aunque vale aclarar que aquí siempre actuó como una fiera, haciendo uso y abuso de su autoridad, para convertirse en un corderito en el exterior, pues afuera sonríe y hasta gasta bromas con los jugadores.
Se cree el sabelotodo y por eso redondeó una grotesca actuación el pasado domingo. No vio dos penales más grandes que el Defensores del Chaco a favor de Rubio Ñu. La falta de Caballero para el penal existió, pero también antes a esa acción hubo una mano de Vera que dejó pasar por alto.
A Olimpia –responsabilidad mayor de su asistente– cobró una posición adelantada a Ligüera –posibilidad clara de conquista– que luego Ferreira conecta la pelota con la red rival. En esa acción, el juez tenía que sancionar que el ñuense Acuña punteó el balón y habilitó hasta a los vecinos. Anuló un gol por supuesta mano de Caballero y una vez más se desentendió de su colaborador, que tenía mejor ángulo.
Amarilla se aplazó y debe ser desprogramado.
No aplicó bien las reglas de juego y “adornó” su gestión con errores técnicos visibles . Una vez más fue el personaje, dejando de lado a los verdaderos artistas, que son los futbolistas.
La Dirección de Árbitros debe tomar el toro por las astas, porque de lo contrario el torneo Clausura que tuvo un arranque atrapante para el público, lentamente irá alejando a la gente de las canchas y eso no es negocio para nadie. Hace rato Amarilla dejó de ser el mejor árbitro, por algo quedó fuera del Mundial juvenil y en la carrera mano a mano entre los “Carlos” viene perdiendo por varios cuerpos ante Torres.
Es una pena dedicar más líneas a Carlos Amarilla; dejando en un segundo plano la gran campaña de Rubio Ñu, el estupendo trabajo táctico que montó “Chiqui” Arce para taponar los puntos altos de Olimpia. En la pizarra el “Rubio” fue más y el equipo de Kiese sufrió un montón cuando los albiverdes le manejaron la pelota.
FUENTE La Nación – Edición Impresa
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