El Olimpia de la otra mitad de 2009 empezó bien un torneo por segunda vez seguida y esa sí que es noticia. Venció con lo justo, apretadamente pero de manera meritoria, a Tacuary. Ligüera, el uruguayo siempre oportuno, cabeceó tras centro de Rojitas, gracias a su viveza y ubicación. La franja lo festejó como nunca porque pasó año y medio para ganar un partido oficial al team de don Francisco.
Olimpia fue el que buscó siempre. Hay que remarcar tal situación. Y a su vez el que, en ciertos pasajes, tuvo más claridad. Sobre todo en el primer tiempo, lapso en el que siempre dejó la sensación de hacer todo bien hasta llegar a la zona de la verdad, el área, donde por descoordinación o intervenciones adversarias, las chances se cayeron.
Tacuary estuvo como siempre. Esta vez, su arma efectiva, amenazó es cierto, pero no pasó de ahí. En el tramo final de la etapa primera, Melgarejo, por poquísimo, capitalizó una acción marca registrada de su equipo luego de una gran habilitación de Melgarejo a Núñez, que hizo un pase no menos preciso previo a la definición incorrecta.
En el complemento el Olimpia de Carlos Alberto Kiese encaró con mayor tenacidad, incluso verticalidad y orden. Y exhibió de entrada un síntoma distintivo, que seguramente lo mantendrá: La paciencia. Paciencia para empezar de nuevo, sin murmurar, paciencia para siempre entrar, o tratar, de ingresar donde duele con pelota trabajada. Paciencia para tener la claridad mental de recurrir a variantes de juego.
Por ejemplo al cuarto de hora. Ro-Ro Rojas en la cabecera del área tenía el control de todo y la potestad, incluso, de pegarle al arco desde ahí. Buscó, a lo mejor, la posibilidad más impensada. No por el centro a segundo palo, algo típico y lógico. Sí por el receptor. Martín Ligüera. El uruguayo, vuelto goleador (7 en el año), si bien ha hecho goles de cabeza, tenía al lado, encima, sobre su humanidad, a un marcador con mayor altura y que en apariencia tenía la zona controlada. El 10 le ganó en tiempo, forma, intención e intuición y cabeceó. Golazo.
Kiese, para mayor control y también resguardo, dio entrada a Marito Jara. Y el volante, aparte de hacer ese trabajo específico, cuando tuvo opciones se mandó de fino al ataque, apoyando a quienes por afuera durante todo el partido intentaron marcar diferencia.
Tacuary poco, muy poco. Un remate de Melgarejo, desde fuera, y un verdadero bombazo del chico Ortega, que sí estuvo más cerca pues dio en el travesaño, fueron las credenciales puestas en escena. Pronto a llegar a los 40′, fue Jara justamente quien se animó y le dio toda la posibilidad a Romero, quien tras enganchar para adentro, iba a sortear el último obstáculo antes de definir, pero ante el primer contacto se dejó caer ante el botín zurdo de Samudio, que sí existió, que sí estuvo allí, en su afán de interceptar.
Con algún quebranto en los minutos finales, producto más bien de disconformidad con Antonio Arias que por acoso de Tacuary, se fue el partido para Olimpia, que levantó los brazos hacia su afición en una jornada redonda desde la previa. Ángel Berni, uno de los héroes del campeonato sudamericano de 1953, en Lima, fue a saludar a la afición apostada en sur, que en un 95% no sabía quién era, por no ser contemporánea, le retribuyó con aplauso. El mismo que recibió el equipo de Kiese consumado un triunfo oportuno, curioso (el segundo seguido al inicio de un torneo, en el Apertura 2-1 a Libertad en Luque) y especial debido a que al rival no le ganaba hace un año y cinco meses, lo equivalente a dos campeonatos. Encima está de cumple… felices 107 años.
FUENTE Teledeportes On Line


